Había una vez...


El callejón de la Condesa

Este callejón es famoso por su peculiar leyenda sobre un conde que, por su socialización con personas ilustres, logro tener grandes negocios y que contrajo matrimonio con una distinguida dama. 

 

Situada en la plaza de la Paz, también conocida como Mayor o Principal por albergar las mejores residencias, se alza la de don Antonio de Obregón, Conde de la Valenciana, erigida con la riqueza obtenida tras treinta años de excavación ininterrumpida de su mina de plata. Fue un hombre justo y respetado tanto por ser el primero que dio participación en los beneficios a los mineros, como por sus relaciones, entre otros, el barón Humboldt, a quien alojó en su mansión en el verano de 1803.

 

No obstante, el escudo sobre la fachada y la leyenda de la casa se deben a Diego Rul. Al morir el segundo conde de la Valenciana, joven y sin descendencia, su hermana mayor Ignacia se casó con el coronel Diego Rul, un malagueño audaz que se había enriquecido con el comercio y, de acuerdo con la costumbre que beneficiaba con títulos nobiliarios a aquellos que mandaban riquezas a la Corona, consiguió el título de Conde de Casa Rul en 1804.

 

Todos los conocían como buen amigo, excelente combatiente, muy audaz y el mejor marido, pero tiempo después de la boda inició a maltratar y engañar a su sumisa esposa, toda la ciudad hablaba de sus aventuras amorosas;  estas habladurías avergonzaron tanto a su mujer que se encerró en la enorme mansión y nunca más volvió a salir por la puerta principal del palacio, sino por una puertecilla que daba a la parte posterior, un pequeño callejón al que después de le dio el nombre del callejón de la Condesa.