Había una vez...

El hombre que estuvo en el infierno.

Miguel era un minero afortunado que en los tiempos de bonanza minera ganaba dinero a manos llenas pero, con la misma facilidad, lo despilfarraba en toda clase de vicios. En una ocasión Miguel había pasado la noche de juerga con sus amigos. Cuando ya cansado se resolvía a regresar a su casa, vio entre las sombras a una mujer muy atractiva que lo llamaba con voz suave. Miguel, seducido por la joven no desperdició tan espléndida ocasión y caminó con ella hasta internarse en una casa, donde supuso que vivía la guapa mujer. En el interior de una habitación, la misteriosa dama dejó unos instantes a su invitado, apareciendo de nuevo con dos vasos de vino, ofreciéndole uno a Miguel.

 

-Por tan bella compañera- dijo sonriente y bebió el contenido.

 

No habían pasado unos tres o cuatro segundos cuando el joven minero se sintió como transportado a otro mundo. La bella mujer lo tomó de la mano y, sin decir palabra, lo condujo hasta una escalera interminable por la que descendieron. Mientras más peldaños bajaban, la temperatura subía y el aire se tornaba enrarecido. Por fin llegaron a otra habitación. De diferentes puntos venían a su encuentro figuras casi humanas con los semblantes descompuestos y las bocas abiertas. Seres que movían las manos tratando de alcanzar a Miguel y que, con enormes uñas desgarraban a quien se aproximara.

 

La angustia de Miguel había crecido hasta hacerse indescriptible y en ese instante sintió que su acompañante se desvanecía entre el humo y las llamas borrándose por completo frente a sus ojos. Le pareció que el piso se hundía bajo sus pies, y sobreponiéndose, trató de volver sobre sus pasos. Apenas comenzaba a buscar el camino de regreso cuando en uno de los muros se abrió un gran agujero por donde comenzaron a salir diferentes criaturas horripilantes, reptiles y aves de mal agüero. Aquello era verdaderamente espantoso y Miguel perdió el conocimiento.

 

Al día siguiente, las primeras vecinas que salían de sus hogares para ir a misa encontraron a Miguel en la acera. 

-¡Qué borrachera pescó ayer Miguel Jaramillo!- decían en tono burlón las personas al observar al hombre en tales condiciones-.

Lo cierto es que Miguel sobrevió a la pesadilla o a su real aventura, y así como está escrito lo contó a sus amigos, quienes nunca dejaron de pensar que el episodio no fue más que un delirio producido por la bebida.