Había una vez...


El vampiro de Marfil

Los habitantes de Marfil andaban temerosos, pues un extraño personaje había llegado a habitar entre ellos y se había instalado en una casona justo atrás del templo parroquial. Era el año de 1652 y la iglesia estaba en etapa de construcción.

 

El hombre de cara afilada, nariz aguileña, bigote retorcido y barba en punta casi no salía de su casa, y los menesteres externos los realizaba un criado igual de misterioso, por lo que la gente se preguntaba quiénes eran aquellos personajes.

 

En algunas ocasiones, sobre todo de noche, cuando el enigmático hombre salía a las callejuelas se topaba invariablemente con gente pacífica que al pasar junto a aquel ser sentían un extraño escalofrío.

Los asustados vecinos comentaron el hecho con el cura que estaba a cargo de la parroquia y éste les dijo que nada se podía hacer, pues el hombre casi no salía de la casa, nunca asistía a la iglesia y sobre todo que aparentemente a nadie hacía daño.

 

Sucedió sin embargo que un buen día llegó a Marfil un misionero franciscano a quien el cura enteró de aquel suceso y le dijo que el pueblo ya andaba con mucho miedo. El fraile ofreció investigar y muy pronto se topó con el vecino misterioso, y al pasar junto a él sintió efectivamente un raro escalofrío en todo su cuerpo.

 

Decidieron entonces el fraile y el cura estar atentos a las actividades del personaje, hasta que una noche lo vieron entrar a la casona acompañado de una joven mujer. Como pudieron brincaron los muros de la finca y penetraron al jardín, y después de unas horas, a través de los ventanales observaron que el hombre realizaba unos extraños ritos mientras la dama parecía como dormida.

 

Y de pronto una sorpresa los hizo retroceder: el extraño ser se transformaba de su cara y de su boca salían unos grandes colmillos que clavó sin misericordia en el cuello de la mujer. ¡Era un vampiro! La escena no pudieron ya soportarla los religiosos que corrieron por el jardín para volver a saltar el muro y salir.

 

Sin embargo no contaban con que el criado los había descubierto y luego avisado a su amo, a quien le informó que el cura y un fraile lo habían observado mientras chupaba la sangre de una de sus víctimas. Al oír aquello el vampiro se transformó y tras llamar a otros tres de sus congéneres fueron en busca de los intrusos.

 

Afuera, sin embargo, los dos religiosos ya habían llamado al pueblo con repique de campanas a todo vuelo, y tras reunirse los vecinos a pesar de ser ya de madrugada, fueron enterados de la verdadera identidad de aquel personaje.

 

Pronto todos fueron por picos, palas, garrotes, machetes, piedras, etc… Decididos a acabar con aquel vampiro, y así cuando el grupo de seres satánicos estuvo en la calle se libró frente al templo parroquial una encarnizada lucha de bien contra el mal.

 

Sin embargo, viendo que el amanecer se acercaba, el vampiro principal se escapó y se escondió en su casa antes de que saliera el sol, en tanto que el pueblo linchaba a los otros para luego quemarlos en la plaza.

 

Enardecidos los vecinos de Marfil se dirigieron a la casa donde se había escondido el vampiro restante, y tras quemar las puertas y penetrar, descubrieron un ataúd, dentro del cual estaba el personaje maligno. Ahí el cura tomó una estaca y la clavó en el corazón del vampiro, que al sentirse herido se desintegró. Luego el ataúd fue sellado y llevado hasta la iglesia parroquial, donde fue enterrado bajo las gradas que conducen al campanario, y ahí permanece en espera de que alguien lo descubra y vuelva a la vida a aquel ser.

 

Tomado de: El chopper