Había una vez...


Mina "la aparecida" 👻

Este lugar estaba ubicado a las faldas del cerro de La Crucita y esconde cierto aire de misterio, pues los habitantes de la zona, aseguran que con frecuencia escuchan lamentos de una mujer y algunos hasta han llegado a verla, es así como hoy en día,  a este lugar, le recuerdan como la mina de "la aparecida".

 

Es un lugar en donde, por cierto, actualmente se puede observar parte del Distrito Minero que era integrado por las minas de Rayas, San Vicente, La Garrapata y Promontorio, mismas que en la época de la Colonia fueron de las más ricas e importantes de la Nueva España.

 

Cuenta la leyenda que en estos terrenos vivía una pareja muy feliz, gracias a la bonanza minera que caracterizó a la ciudad de Guanajuato. El marido trabajaba como minero, mientras su mujer se dedicaba a las labores del hogar. Todo trascurría normalmente, pero de pronto llegó al pueblo un hombre que terminó por enamorar a la dama, y ambos aprovechaban que el esposo se iba de noche a la mina, para ellos darle rienda suelta a su amor prohibido.

 

Pasó el tiempo y confiados en que no fueran descubiertos, los infieles siguieron viéndose por las noches siempre que podían, pero nunca repararon que su suerte podría cambiar y quedar al descubierto la infamia que estaban cometiendo.

 

Finalmente llegó el día fatal; como de costumbre el esposo se despidió de su amada mujer y se encaminó rumbo a su trabajo sin imaginar en que el destino le tenía preparado una amarga pasada. Por alguna razón, no se sabe a ciencia cierta cuál fue, el esposo regresó a su hogar antes de lo previsto, y al ingresar a lo que consideraba su recinto sagrado, se encontró a su amada en brazos de un desconocido.

 

Como pudo, el marido se contuvo y aparentemente perdonó a los infieles, sin embargo, dentro de su ser sentía que el corazón se le desgarraba tras la traición de que había sido objeto, aunque logró controlar sus impulsos.

 

El tiempo pasó, y como una muestra de que lo sucedido ya era cosa del pasado, el esposo engañado invitó a su cónyuge a realizar un paseo por el campo. Era domingo, día en que las familias solían disfrutar de un día de paseo.

 

A la mujer nunca le pasó por la cabeza que su fin estaba cerca. Su cónyuge la guió hasta la boca de la mina La Aparecida, y después de tomar una rama de un árbol, con ella la mató a puros varejonazos.

 

Una vez saciada su sed de venganza el hombre tomó el ensangrentado cuerpo de su amada y la arrojó por la boca de la mina, para después desaparecer y dejar detrás de sí el recuerdo de la traición de que había sido objeto de parte de su mujer.

 

Nadie se hubiera dado cuenta de lo sucedido, de no haber sido por la aparición que comenzó a darse en este lugar, que ponía los pelos de punta los hombres que laboraban en las minas de La Garrapata y Promontorio.

 

FOTOGRAFÍA: EMMANUELBARRERA10