Había una vez...

La mina de la Serpiente

Cuenta la leyenda que...

 

Tres apuestos jóvenes fueron un día de excursión, al corazón de la Sierra de Guanajuato. Afectos a escalar montañas, ya habían subido varias cimas: la Huasteca Potosina, las serranías de Sonora y de Durango, así como los Picachos de la Bufa.

 

En cierta ocasión tuvieron noticias de que en la Sierra había un acantilado indomable y muy difícil de escalar, lo cual fue para ellos una tentación, a la vez que un estímulo para su ímpetu de alpinistas; prepararon todo su equipo y salieron muy de madrugada previendo llegar su destino antes de que el sol estuviera en todo su apogeo. 

 

Así fue: Comenzaron por el camino que va hacia el mineral del Cubo y a cierta distancia, donde los cerros se tornan más ariscos y escarpados, localizaron el sitio que les habían indicado. Con la ayuda de cuerdas, pequeños picos y sus cascos de minero, iniciaron el ascenso. 

 

Dos horas de constante esfuerzo habían transcurrido cuando se escuchó un grito de pavor: de una rendija de la roca salía una serpiente amenazadora que, con su cuerpo ondulante y el hocico abierto se dirigía hacia uno de los jóvenes que estuvo a punto de desplomarse en el vacío.

 

Sus otros dos compañeros, sorprendidos, le preguntaron por la causa de su espanto, y el asustado muchacho no pudo expresar palabra alguna por lo que se limitó a señalar al reptil con su dedo índice.  La serpiente se desvió y fue a esconderse en otra grieta próxima.

 

Para esto, ya los otros dos jóvenes se habían percatado del peligroso animal y lo seguían con la vista. Una inexplicable curiosidad los hizo acercarse al agujero por donde el reptil se había perdido.

 

Había pasado ya algún tiempo así que el sol iluminaba con sus rayos la fresca mañana y las piedras reflejaban la luz cual si fueran valiosas gemas. De pronto uno de ellos, dirigiéndose a los demás, les dijo: 

 

-“Miren eso, es oro con toda seguridad”.

-“No, - exclamó otro -, es plata”

 

¡Los dos tenían razón! Acababan de descubrir una rica veta que contenía los dos metales en su forma original.

 

Temblando de emoción, con su pico arrancaron algunas piedras que sirvieron de muestra, las cuales fueron analizadas más tarde en el laboratorio de un ensayista y como resultado arrojaron un alto porcentaje de oro y de plata.

 

Así fue descubierta una de las más ricas vetas en la Sierra de Guanajuato, que fue bautizada con el nombre de la mina de la Serpiente, en virtud del reptil que la señalara al esconderse en aquella hendidura de la roca.

 

Los tres jóvenes denunciaron la mina y de allí obtuvieron incalculables riquezas. Ellos murieron y, a decir verdad, por miedo a las serpientes que allí se esconden, el lugar está propiamente abandonado.