Había una vez...

La niña de la mina

Corría el año de 1908 cuando una niña fue encontrada muerta en el interior de una oscura mina en la ciudad de Guanajuato.

 

Su cuerpo fue hallado en lo más profundo de una excavación diseñada para sacar oro y no cadáveres. Los mineros que dieron con ella no podían creer que el frágil cuerpo de una menor que no rebasaba los diez años de edad, pudiera ser dejado de esa forma. Los datos en torno a la niña y las circunstancias de su muerte son imprecisos, contradictorios, y han dado pauta a un sinfín de versiones; puesto que el cuerpo nunca fue reclamado por nadie, las limitadas labores de peritaje de entonces no arrojaban datos reveladores e incluso la ubicación de su sepultura aún es mantenida en secreto.

 

A los pocos días del suceso, la ciudad retomó su curso, pero el impacto de la muerte de esa niña innominada quedó grabado para siempre en el imaginario colectivo de los guanajuatenses.

 

Los primeros en sufrirlo han sido los mineros. En la profunda e impenetrable oscuridad de los túneles, decenas de estos trabajadores ven la figurita de una niña de diez años vestida con ropas extrañas, imitando voces que parecen bramidos de animales salvajes y con el rostro cubierto de polvos que deforman su apariencia. La inmensa mayoría de estos mineros pierden la salud mental y no la recobran nunca. Es así que comienzan a murmurarse leyendas sobre la infante.

 

La más conocida es que la niña era hija de un importante minero canadiense. Ella solía pasearse sin el permiso de su padre por las minas de la ciudad. Se cuenta que la pequeña sufría de un trastorno psicológico desconocido que la hacía mentirosa, caprichosa, de un humor volátil, que se burlaba de las devociones religiosas de la gente y que le gustaba vestir de forma extravagante, emulando a seres fantasmagóricos que solo su adulterada imaginación era capaz de ver. Se dice también que fue su mismo padre quien la mutiló dejando su cadáver abandonado en lo más recóndito de esa mina.

 

104 años después, la leyenda de la niña de la mina sigue vigente en Guanajuato capital. Adoptada por el club nocturno más importante del centro del país, esa leyenda deviene perversamente en la fiesta de disfraces más vibrante de México. Mujeres y hombres de todas las latitudes se congregan en dicho club caracterizados como personajes terroríficos con un solo propósito: extraer de las oscuras profundidades del pozo del horror una diversión legendaria que brille como el oro.