Los músicos que tocaron en el infierno

Como ustedes saben, en todos los pueblos y ciudades hay músicos populares que tocan en restaurantes, mercados, y a quienes lo soliciten ellos van hasta donde se les indique; tal es el caso del grupo de músicos encabezado por el maestro Miguel Ruíz, el cual en cierta ocasión acudió a cantar Las Mañanitas a una muchacha de la ciudad, y ahí un hombre muy elegante con aspecto de catrín los estuvo viendo; cuando los músicos se disponían a retirarse, el catrín los detuvo  y les pidió sus servicios para que esa noche fueran a tocar a una fiesta que ofrecería en su casa, diciéndoles: “Yo pago muy bien, pero tienen que ir bien vestidos y de color negro”.

Los músicos emocionados no pusieron ninguna objeción, de modo que llegaron a un acuerdo en el que se verían en esa misma esquina a las 11 de la noche, y así se fueron a descansar y vestir como se los había pedido el cliente.

Como la puntualidad los caracterizaba llegaron a las 10:30 de la noche, y ya reunidos todos en el sitio acordado esperaron... al oír las campanadas de la hora pactada vieron en forma extraña como ese hombre que los había contratado apareció de improvisto entre la penumbra de la noche.

Se preguntaron unos a otros si aquel personaje saldría de la pared, no pudieron llegar a una conclusión ni dar pie a fantasías, así que ignorando esto, lo siguieron a pie como él les pidió, y después de una larga caminata llegaron a la calle de las Ánimas donde había una elegante mansión; los músicos extrañados se veían unos a otros, ya que nunca habían visto esa casa, que de hecho no existía.

Entraron los músicos y todo les parecía de lujo, pero muy fúnebre. Al llegar a la sala el señor pidió que esperaran un momento, y ante la poca iluminación existente en el lugar decidieron sentarse, hasta que unos minutos más tarde salió un sirviente y les indicó que empezaran a tocar un vals, que los invitados irían llegando poco a poco. Así lo hicieron.

Sin hablar ni voltear empezaron a aparecer varias parejas de una puerta que estaba al fondo, salían bailando al son de la música de vals, y sin pensarlo los músicos dedicados a sus notas se olvidaron de lo que pasaba en la sala, pero al finalizar una melodía echaron una mirada, al tiempo que se hacían más señas entre sí, horrorizados.

Las parejas de bailarines no tocaban el piso, tenían patas de cabra con pezuñas y sus ojos eran aterradores, rojos como si echaran lumbre por ellos. Nuestros músicos sintieron desfallecer de miedo, experimentaban un escalofrío que los paralizó y ya solo querían huir.

De pronto una mujer de las parejas que bailaban se acercó a los asustados músicos, y uno de ellos sorprendido la reconoció:

–Cómo es posible, si es Juanita, hermana de uno de los músicos. ¡Ella murió hace dos años!

La mujer les habló en voz baja.:

–Pero ¿no se han dado cuenta?. Salgan de aquí inmediatamente, este es el infierno.

Los músicos en ese instante salieron precipitadamente sin decir nada, olvidándose incluso de sus instrumentos. Y aunque pudieron volver a sus casas, se dice que días después algunos integrantes del grupo musical se enfermaron como consecuencia de tan terrible experiencia.